Afirmaciones extraordinarias

Queridos lectores, aunque ya sé que hace tiempo que no publicamos, debo decir no es por falta de ganas. Mi propósito es intentar, si puedo, publicar alguna cosilla de vez en cuando aunque tenga que ser de tamaño limitado. Hoy no sé si os traigo un artículo sobre lingüística relacionado con la ciencia o de ciencia relacionado con la lingüística. En cualquier caso, está relacionado con algo que me parece curioso, cómo pueden evolucionar diferentes maneras de decir lo mismo y cómo se popularizan en función de quién las diga.

Probablemente cualquier humano promedio con una interacción social de medio alcance se habrá encontrado en alguna ocasión con un dicho que, en algunos ámbitos, se ha vuelto ampliamente popular. Me refiero al siguiente:

Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias.

David Hume

David Hume

 

Existen varias versiones y cierta confusión acerca de su origen y autor. Y es que no es para menos, ya que no sólo han sido varias las personas que le han dado fama, sino que además, se ha ido reformulando con el paso del tiempo.

Muchos podrán argumentar que no se trata de la misma frase, por más semejanzas que mantengan. Sin embargo, está bastante claro que la idea subyacente bebe de las mismas aguas filosóficas.

Probablemente la primera persona en formular dicha idea fue el pensador David Hume (1711-1776), cuyo espíritu analítico le condujo al escepticismo.

Un hombre sabio cree en proporción a la evidencia.

David Hume

Posteriormente, el gran físico y matemático marqués de Laplace (1749-1827) la reformuló como:

El peso de la evidencia para una afirmación extraordinaria debe ser proporcional a su rareza.

Pierre-Simon Laplace

Muchos años más tarde, fue un profesor de sociología de la Universidad de Michigan, Marcello Truzzi (1935-2003) quién, en 1978, hizo uso de ella de la siguiente manera, prácticamente igual a la que ya conocemos:

Una afirmación extraordinaria requiere una prueba extraordinaria.

Marcello Truzzi

Pierre-Simon Laplace y Marcello Truzzi (Fair use, Link)

Pero la verdad es que quién en realidad popularizó dicha frase en nuestra época más actual, fue el gran astrónomo y divulgador Carl Sagan (1934-1996), quién en su fantástica obra Cosmos formulaba:

Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias.

Carl Sagan

Carl Sagan

Carl Sagan

Y a mi modo de ver no le falta razón, a ninguno. Es un ejercicio muy sano mantener cierto escepticismo ante determinadas afirmaciones. Naturalmente es necesario mantener la confianza en el sistema científico, ya que no podemos demostrar por nuestra cuenta todos los descubrimientos. El ecosistema científico, la revisión por pares, publicaciones, etc. nos garantizan que cuando la comunidad científica acepta un hecho, es porque está de sobra contrastado.

 

Es por ello que me resulta curioso y sorprendente que, hoy en día, haya tanta gente que prefiere confiar en ciertas cosas. Le quitamos valor a la ciencia, que con tanto esfuerzo se consigue, para dar saltos de fe y otorgar confianza ciega a métodos y sistemas no probados, a conocimientos y hechos no contrastados.

 

Si yo digo que tengo uranio enriquecido en el trastero de casa ¿me creerías? Probablemente tu sentido común te haga sospechar que te estoy engañando ¿Por qué entonces sí son creíbles algunas pseudociencias, como por ejemplo que el agua tenga memoria? ¿Aun a pesar de que la ciencia no haya podido demostrar su eficacia?

La verdad no puede estar detrás de habladurías o de lo que a mí me funciona, para ello disponemos de una gran comunidad científica, que nos garantiza que lo que funciona está contrastado. Se han encontrado evidencias de ello, por extraordinarias que estas pudieran ser.

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